María Eugenia Soto

Punch, su peluche y lo que nos recordó sobre el apego y la necesidad de sostén

Por: María Eugenia Soto Mainardi | psicóloga

En días recientes, el mundo se conmovió con la imagen del monito Punch, rechazado por su madre al nacer, aferrado a un peluche de orangután. La imagen parecía adorable. Pero lo que realmente estábamos viendo era a un sistema nervioso en busca de seguridad. Punch no buscaba un juguete. Buscaba sostén.

Hace más de siete décadas, el psiquiatra británico John Bowlby planteó una idea que para entonces fue revolucionaria: el apego no es sentimentalismo, es biología. Los seres humanos —y otros primates— nacemos con un sistema diseñado para mantenernos cerca de una figura protectora. Cuando sentimos amenaza, activamos conductas de proximidad como llorar, aferrarnos o protestar ante la separación.

No es debilidad. Es supervivencia.

Punch hizo lo que cualquier sistema de apego haría ante la ausencia de su figura primaria: buscó un sustituto. El peluche no era un juguete. Era un intento de base segura. La seguridad no es una idea abstracta; es una experiencia corporal. Cuando un niño no tiene una base segura, su sistema nervioso permanece en alerta. Vive en modo supervivencia.

Es imposible no pensar, desde Puerto Rico, en las noticias recientes que nos han estremecido: niños encontrados en condiciones de abandono, viviendo en hogares insalubres, expuestos a negligencia o violencia. Cada caso genera indignación. Pero detrás del titular hay algo más profundo: la fractura del sostén.

Ningún niño prospera sin cuidado. Ningún cerebro en desarrollo se organiza en medio del caos crónico. El apego seguro no es un privilegio; es una necesidad biológica.

También debemos mirar el contexto. En Puerto Rico criamos en medio de múltiples presiones: pobreza persistente, migración que fragmenta familias, sistemas de protección sobrecargados, jornadas laborales extensas, desastres naturales y crisis económicas repetidas. Padres, madres y cuidadores crían agotados, muchas veces sin red de apoyo.

El apego no se construye en aislamiento. Evolutivamente, los humanos no criamos solos. Criamos en tribu. El sistema de apego necesita una figura consistente, pero también un entorno estable y una comunidad que acompañe antes de que la crisis se convierta en intervención.

Punch nos conmovió porque vimos a un ser inocente buscando algo que todos reconocemos: seguridad. Pero su historia también nos confronta. ¿Estamos construyendo comunidades que funcionen como base segura? ¿Estamos apoyando a nuestros cuidadores con recursos reales y accesibles?

Un niño que se siente seguro puede crecer con confianza. Un adulto que se siente sostenido puede sostener y criar mejor. Una comunidad que dice presente previene tragedias.

La biología del apego no entiende de excusas culturales ni limitaciones presupuestarias. Entiende de presencia.

María Eugenia Soto Mainardi es psicóloga licenciada en Puerto Rico, con práctica privada y miembro de la Junta de Directores de Caras con Causa.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.